La historia de este equipo no nació esta temporada. No empezó con una clasificación inesperada, ni con una buena racha de resultados. Empezó mucho antes, entre entrenamientos, viajes imposibles y años de trabajo silencioso de un club que hoy se encuentra a las puertas del mayor logro del fútbol base herreño.
Porque este grupo de jóvenes está a solo dos eliminatorias de alcanzar la División de Honor juvenil, la categoría más alta del fútbol base en Canarias. Un lugar reservado habitualmente para las grandes canteras del archipiélago, donde compiten clubes como el CD Tenerife o la UD Las Palmas.
Y quizá lo más sorprendente es que hace apenas un año el objetivo era mucho más sencillo.
La pasada temporada, el CD Concepción celebraba un ascenso histórico a categoría Provincial juvenil. Ya entonces parecía un paso enorme para un equipo formado íntegramente por jóvenes de El Hierro. “Lo normal cuando asciendes es pelear por mantenerse y no descender otra vez, porque la competencia es muy fuerte”, explica el entrenador del equipo, David Grillo. Adaptarse. Resistir. Sobrevivir en una categoría con clubes históricos, estructuras mucho mayores y recursos muy diferentes.
Pero el fútbol, a veces, decide romper la lógica.
“Ya subir a categoría Provincial fue algo enorme. Y ahora, de repente, estar luchando por esto… creo que ni nosotros mismos somos conscientes de lo que estamos haciendo”, reconoce.

Donde competir cuesta el doble
La dimensión de lo conseguido se entiende todavía mejor cuando se observa todo lo que hay detrás de este equipo.
Mientras otros clubes cuentan con estructuras amplias, varios equipos filiales o la posibilidad de incorporar jugadores durante la temporada, el CD Concepción ha construido su camino prácticamente solo con lo que tiene alrededor. “Nosotros empezamos con 23 jugadores y acabamos con 23”, resume Grillo.
Entrevista completa:
Porque sostener una categoría así desde una isla no capitalina como El Hierro implica convivir constantemente con las limitaciones. Los viajes, la logística, las estancias o la dificultad para mover jugadores forman parte del día a día. Algunos futbolistas recorren kilómetros desde La Restinga, Sabinosa o La Frontera varias veces por semana para entrenar. Otros estudian fuera de la isla y apenas pueden trabajar presencialmente con el grupo. De hecho, los dos porteros entrenan actualmente en Tenerife y otro de los capitanes estudia en Gran Canaria. "Conjuntar todo eso es una dificultad tremenda”, admite.

Aun así, el grupo ha conseguido mantenerse unido durante toda la temporada. Y ahí es donde el técnico pone especialmente el foco: en el trabajo colectivo que existe detrás del club.
Habla de directivos que lo mismo organizan documentación que montan un ventorrillo para recaudar fondos. De agencias pendientes cada semana de los pasajes. De entrenadores que siguen formándose. De familias implicadas. De personas que sostienen el fútbol base casi desde el anonimato.
“Hay muchísimas personas trabajando detrás de esto”, explica. “Sin embargo, consume muchísimo tiempo, incluso tiempo que le quitas a tu familia o a las personas que quieres”. Lo dice sin dramatismo, pero con honestidad. Porque sabe que proyectos como este no se sostienen únicamente con fútbol.
Un vestuario formado por toda la isla
Si hay algo que emociona especialmente al entrenador es el sentimiento de unión que se ha creado entre los jugadores.
El equipo está formado por chicos de distintos rincones de El Hierro. Futbolistas que años atrás competían entre ellos en categorías inferiores y que hoy comparten vestuario, viajes, entrenamientos y objetivos. “Antes eran rivales y aquí han tenido que aprender a ser amigos”, cuenta. “Hay chicos que antes no se soportaban y ahora son inseparables”.
Esa unión es una de las cosas que más valora del equipo. También la manera en la que han integrado a los jóvenes migrantes que hoy forman parte tanto del club como de la vida en la isla. “Ante todas las dificultades, ellos se han unido muchísimo”.
Por eso, cuando habla del equipo, evita reducirlo a un único municipio o a una generación concreta. “La isla debería sentirse orgullosa porque este equipo no representa únicamente al Concepción. Representa a El Hierro entero”.

Un fútbol valiente y sin miedo
Sobre el césped, el equipo también tiene una identidad muy definida.
David Grillo apuesta por un fútbol ofensivo, de presión alta y protagonismo con balón. Un estilo donde el equipo intenta ser protagonista, presionar arriba y asumir riesgos, incluso ante rivales superiores. “Prefiero ganar 6-5 que 1-0”, dice entre risas.
Durante toda la temporada, el CD Concepción ha intentado competir así, sin importar quién estuviera enfrente. Incluso cuando tocaba medirse a clubes históricamente superiores. “No hemos mirado nunca si el rival de enfrente era más grande o más pequeño. Aquí siempre hemos salido a ganar”.
Gran parte de esa identidad también se explica por la continuidad. Muchos de estos jugadores llevan casi tres años creciendo juntos bajo una misma idea de juego, compartiendo automatismos y aprendiendo a entenderse prácticamente de memoria. “A veces ya saben dónde va a estar el compañero sin ni siquiera mirar”, explica.

Mucho más que un ascenso
Aunque el play off marcará el desenlace deportivo de la temporada, dentro del club tienen claro que lo verdaderamente importante ya ha ocurrido.
El entrenador reconoce que uno de los momentos que más le llena no sucede durante los partidos, sino después, cuando entra al vestuario y ve a los chicos celebrando juntos. “Cuando los ves cantando, saltando y haciéndose fotos, entiendes realmente por qué haces todo esto”, confiesa.
Porque más allá de los resultados, siente que el equipo ha conseguido algo difícil de construir: pertenencia, ilusión y sentido colectivo.
Ahora, el siguiente reto para el conjunto herreño será el CD San José, un histórico del fútbol tinerfeño, al que se enfrentará este sábado 30 de mayo, a las 14:30 horas, en el campo de fútbol Francisco Expósito “Chito” de Valverde, en una eliminatoria que se presenta muy igualada.

Pero incluso en este punto, el club sigue manteniendo los pies en el suelo.
El propio Grillo reconoce que no lograr el ascenso “sería lo más normal” por la diferencia estructural que todavía existe con otros clubes. Sin embargo, también cree que el CD Concepción ya ha construido algo suficientemente sólido para seguir compitiendo a este nivel durante los próximos años.
Lo ve en los chicos que vienen desde categorías inferiores. En la energía del grupo. En la ilusión que se ha despertado alrededor del equipo.
Y también en algo que quizá hasta hace poco parecía imposible: que toda una isla vuelva a creer que desde un lugar pequeño también se puede soñar a lo grande.
